Un family office organiza el patrimonio de una familia como una empresa organiza su negocio. Pero una estructura propia tiene costes fijos que solo se justifican a partir de cierto tamaño. Cuándo tiene sentido y qué alternativas existen.
«Family office» se ha puesto de moda. Se usa para todo, desde grandes estructuras con decenas de personas hasta el asesor fiscal de confianza de una familia. Para quien está pensando en ordenar su patrimonio, a menudo después de vender una empresa, conviene entender qué es, qué hace y cuándo compensa.
Qué hace un family office
Un family office es la estructura que gestiona de forma integrada los asuntos financieros de una familia. Las funciones más habituales son:
- Consolidación e información. Una visión única de todo el patrimonio, en todos los bancos y activos.
- Estrategia de inversión. Definir la asignación, elegir y supervisar gestores, evaluar inversiones directas.
- Inversión directa. Participaciones en empresas, inmobiliario, coinversiones.
- Gobierno y sucesión. Reglas de decisión, preparación de la siguiente generación, coordinación con abogados y asesores fiscales.
- Administración. Contabilidad de las estructuras, seguros, gestión de inmuebles, pagos.
Los tres modelos
Single family office
Una estructura dedicada a una sola familia, con equipo propio. Ofrece control total y máxima confidencialidad, pero tiene costes fijos elevados: profesionales cualificados, sistemas, oficina, auditoría. Una referencia frecuente en el sector es que solo se justifica para patrimonios del orden de varias decenas o centenares de millones de euros, para que el coste anual no consuma una parte relevante de la rentabilidad.
Multi-family office
Una estructura que sirve a varias familias y reparte los costes. Da acceso a profesionales y oportunidades de inversión que una familia sola no tendría, con menos control y menos personalización. Es la opción natural para patrimonios a partir de unos pocos millones de euros.
Asesoramiento independiente
Para muchas familias, la solución más eficiente no es tener un family office, sino un asesor independiente que cubra las funciones esenciales (consolidar, definir la estrategia, evaluar oportunidades, coordinar especialistas) y trabaje con los bancos y abogados que la familia ya tiene.
Señales de que ha llegado el momento
- La familia ha vendido, o está vendiendo, la empresa y va a recibir una liquidez que nunca ha tenido.
- El patrimonio está repartido entre varios bancos y nadie tiene la visión del conjunto.
- Llegan propuestas de inversión directa y no hay una forma estructurada de evaluarlas.
- La siguiente generación se está incorporando y hay que fijar reglas.
- El tiempo del cabeza de familia se ha ido llenando con la gestión del patrimonio.
Los errores más comunes
El primero es montar una estructura antes de definir qué se quiere de ella. Un family office sin objetivos claros se convierte en un coste fijo en busca de justificación. El segundo es confundir gestión patrimonial con venta de productos: un proveedor que cobra por los productos que coloca no está en una posición neutral. El tercero es subestimar el gobierno: la estructura sirve a la familia, y la familia necesita reglas para decidir.
Cómo empezar
El camino más seguro es gradual. Primero se consolida y se definen los objetivos; después se elige el modelo que sirve a esos objetivos al menor coste; solo más adelante, si el tamaño y la complejidad del patrimonio lo justifican, se pasa a una estructura propia.
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Preguntas frecuentes
¿Un family office sustituye al banco?
No. Los bancos siguen custodiando los activos y ejecutando las operaciones. El family office decide, coordina y supervisa, del lado de la familia.
¿Cuánto cuesta un family office?
Varía mucho según el modelo. Una estructura propia tiene costes fijos anuales significativos; un multi-family office o un asesor suele cobrar un porcentaje del patrimonio supervisado o una cuota fija.
¿Hace falta crear una sociedad?
No siempre. Muchas familias empiezan sin estructura jurídica propia. Las decisiones sobre holdings y vehículos deben tomarse con asesoramiento fiscal y jurídico, una vez definidos los objetivos.
